sábado, 16 de noviembre de 2013

la semilla de Abraham en las naciones

Textos escogidos del cristianismo mesiánico
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EN GÉNESIS 49:22-26 leemos la profecía del patriarca Jacob sobre José, que alcanza a sus hijos Efraín y Manases, y comienza así:
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“Ramo fructífero José,
Ramo fructífero junto á fuente,
Cuyos vástagos se extienden sobre el muro…”
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Lo que nos anuncia una descendencia tan vigorosa que no sería contenida por frontera alguna. Y en Deuteronomio 33:13-17 leemos la  profecía paralela de Moisés sobre José que complementa la de Jacob, cuya parte final dice:
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“…y corneará a todos los pueblos
hasta los extremos de la tierra.
Tales son las multitudes de Efraín;
tales son los millares de Manases”
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En estas citas encontramos la saga de la primera promesa de YaHVéH a Abraham que ya estudiamos: “tu descendencia se adueñará de las puertas de sus enemigos”. Y la historia de las naciones no se comprende en su Pulso interior, si no tenemos en cuenta esa penetración profetizada de los “hijos de Israel”/”casa de Israel” en su seno, llevando un extraordinario bagaje profético de prosperidad y dominio (sabemos que esta observación no es políticamente correcta para los parámetros de hoy, pero lo es para YaHVéH y Su plan de redención ofrecido a todo el género humano). Recordemos que estas poblaciones expatriadas de Samaria, al norte de las tierras bíblicas, debían de “mezclarse” con las naciones, ser “zarandeados” en ellas (Oseas 7:8; Amos 9:9), y así sus “genes proféticos” -por así decirlo- se traspasaron a los pueblos en donde estuvieran incluidos sin contradicción, que fueron los que forjaron las líneas maestras de la historia. Veamos lo que sucedió con esta descendencia de Israel que llevó la semilla de Abraham a las naciones en uno de sus principales destinos, lo que hoy es Europa:
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(LEER COMPLETO)
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