“Y salio sin saber adonde iba...” (Hebreo 11:8)
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Cuando Moisés estaba detenido frente al mar Rojo con los egipcios rugiendo detrás, todo parecía haber terminado. Su lideranza aparentemente había conducido al pueblo a una trampa ¿podría ser después de todas las señales que la precedieron? Entonces Moisés clamó al cielo y esta fue la respuesta: "¡Di a los hijos de Israel que marchen!" (Éxo 14:15). Y Dios/Elohim abrió un camino. Esta parece ser la norma: Dios/Elohim se manifiesta en el camino, no nos quiere detenidos. Antes, a Abraham le había ordenado iniciar un largo viaje lleno de incertezas dependiendo solamente de Su Guía. Y luego de mucho movimiento, ya anciano, su esclavo damasceno tuvo que volver a andar para que Dios/Elohim milagrosamente le señalara a Rebeca, que sería la esposa de Isaac. Y de Isaac se dice que "movió" su campamento a Gerar en donde tuvo una cosecha milagrosa ¡100x1! (Gén 26:12) que lo convirtió en un hombre poderoso, tanto que despertó la envidia de Abimalec en cuyos dominios vivía. Y de allí tuvo que irse hasta que encontró un manantial que llamo "Libertad" (Gen 26:22). Y luego se movió de nuevo y encontró otro manantial que llamo “Juramento” –Beerseba- en donde Dios/Elohim le habló. La de Isaac fue una vida de campamento en campamento. Y, si seguimos, fue en el camino que Jacob tuvo la maravillosa visión de Betel, y también en camino vio la visión de los dos campamentos –Mahanaim- (Gen 32;2) y se encontró con Dios/Elohim “cara a cara” (Gen 32:30). Cuando Dios/Elohim nos quiere bendecir y mostrarnos Su poder nos manda marchar. Fue camino a Damasco que Saulo/Pablo recibió la visión que lo convertiría de enemigo de Jesús/Yeshua a enviado/apóstol en el poder de Su Nombre. Pedro llama a los creyentes “peregrinos y extranjeros” (1 Ped. 2:11) y Jesús/Yeshua dijo "Yo soy el camino...". Es de notar que aquel que es el centro de nuestras vidas aquí es un "camino", un trayecto, no un lugar inmovil.... En Hebreos 11:9-10 leemos esta magnifica declaración: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, habitando en tiendas con Isaac y Jacob... porque esperaba la ciudad... cuyo arquitecto y constructor es Dios". Es decir, Abraham vivía en tiendas, listo para partir, porque no consideraba lugar permanente para residir ni siquiera la “tierra prometida” sino a la ciudad cuyo fundamento es Dios, a la cual ansiosamente esperaba. Somos llamados a peregrinar para experimentar la mano de Dios y Su poder, hasta que lleguemos a nuestro Reposo que no es aquí.