"No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que se extingue:
por medio de la verdad traerá la justicia"
Isaías 42:3
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Hay veces que Dios necesita hacer otra cosa con nuestra vida y de pronto parece que nuestros sueños se extinguen. La respuesta a las oraciones no se ven, por lo menos en la dirección que esperábamos, y nuestra fe apenas alumbra la oscuridad que se abate sobre nosotros. Es pabilo que se extingue. Pero El Eterno esta ahí, viéndolo todo. Dice Isaías 57:15: "Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado... para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados". Mas adelante en el pasaje del acápite vemos que Él tiene un “cántico nuevo” para nosotros y para Su pueblo. Hoy los cristianos de diversas maneras estamos sometidos a una apretura. Como pueblo, mas de 100 millones de hermanos sufren duras persecuciones ahora mismo. Seguramente no saben como será ni el día de mañana ni la semana próxima. Pero además todos estamos sometidos a las condiciones de un mundo que languidece y no encuentra salida. En el nacimiento del cristianismo, con un Imperio Romano en bancarrota, los cristianos fueron acusados de subversión y tuvieron que refugiarse en las tinieblas de las catacumbas. Eran pabilos que apenas humeaban, cañas cascadas que parecía que no soportarían un golpe más. Y aun vieron morir en el martirio, gozosos, a muchos de los suyos que fueron a reunirse con el Señor al que fueron fieles aun bajo inminencia de muerte horrenda. ¿Y que pasó? Con el advenimiento de Constantino fueron elevados a alturas mayores a las que tenían, le fueron devueltos todos sus bienes, y, a la larga, conquistaron el Imperio y el mundo. Sin armas ni esfuerzo propio, “por medio de la Verdad vino la justicia”. El Imperio que le era hostil se transformó en su protector y difusor obstinado de la nueva fe. La cristiandad de hoy viene de aquella resistencia heroica en las penumbras de las catacumbas. Dice Habacub 3:17-18: "Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo...Con todo, yo me alegraré en el Señor". Y termina así (ver. 19): "YaHVéH el Señor es mi fortaleza...y en mis alturas me hace andar". Esta es la experiencia de muchos hermanos que pasaron por pruebas extremas. Dios apagó un sueño, para encender otro mayor.