“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…”
1 Timoteo 3:16
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Leemos
en las noticias sobre Egipto:
“Como en los otros países del mundo árabe y
musulmán... en cuyo seno se ocultan y actúan los islamistas, en Egipto la
tendencia entre los cristianos es al repliegue, la ocultación, la huida o el
martirio” (1)
Y
en las noticias sobre Corea del Norte:
“cualquiera que sea descubierto en una misa
clandestina o en posesión de una Biblia es detenido, torturado y enviado a uno
de los campos de prisioneros o incluso condenado a muerte” (2)
¿Cual es el motivo que lleva a un estado musulmán
fundamentalista y a un estado ateo materialista –también fundamentalista en lo suyo- a la práctica sistemática de este odio asesino contra los cristianos? Dice en 1
Timoteo 3:16: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios
fue manifestado en carne…”. Esto es lo que ambos no aceptan. Unos por adorar a
un dios que dice habitar intocable
en el cielo desde donde elige sus profetas furibundos y otros por el pecado de incredulidad cerril que es madre de todos los pecados. Para
unos –los islamitas- Juan 3:16 es inaceptable.
En su siempre airada fe, la idea de un Dios que dona a Su Hijo a los hombres para que con Su
muerte vicaria sean exculparlos del pecado y tengan vida eterna, es blasfemia. Y para los otros -los estalinistas en general con su culto ateo a la personalidad- un “misterio de la
piedad” que revela que el Dios Omnipotente se hizo hombre y ahora es Señor de todos (Hech. 10:36) es la kriptonita que anularía sus "superpoderes". Es que este mundo no puede
aceptar la fe cristiana de un modo u otro. Lo pone incómodo. Ella trae una Verdad desestabilizadora, una Novedad que lo trastoca todo: ¡Dios hecho hombre!. Y aun en la civilización occidental forjada sobre esta fe, en donde, gracias al orden intrínsico y maravilloso del universo que proclama un
Creador y deja "sin excusa" (Rom 1:20) al que lo contempla con el telescopio o con el microscopio, la ciencia ningunea al Alfa y Omega, que es principio y fin de toda creación. Esto es también pensamiento entenebrecido. Jesús/Yeshua oró así por sus discípulos en la última
cena "No ruego que los quites del
mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del
mundo" (Juan 17:15-16). Cuando un cristiano es martirizado por su fe y fidelidad
va hacia su verdadero lugar, que no es este. Dice Apocalipsis 20:4: "Y vi las almas de los decapitados por
causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios". Guardémonos para
ese tiempo eterno siendo fieles hasta el fin.