viernes, 29 de marzo de 2013

ME DISTE UN CUERPO

"porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo...me diste un cuerpo... quita lo primero para establecer esto último"
Hebreos 10:4-5

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Hoy es el memorial de la obra cúspide de la fe cristiana: la sustitución de los sacrificios de animales por el cuerpo perfecto del Cordero –Hijo de Dios- para perdón del pecado. ¿Cómo se podía entender esto desde la ley? De ninguna manera. Y por eso cuando el velo del Templo se rasgó, la ley mosaica, en lo que se refiere a los sacrificios por el pecado, fue abolida para siempre. Y es el propio "León de la tribu de Judá" el que exclama en el pasaje citado: “quita lo primero para establecer esto último”. Esto es: “sustituye los animales que se sacrifican sin efecto alguno para purificación del pecado por mi cuerpo perfecto desgarrado e inmolado en sacrificio atroz”. Leemos en Apocalipsis 5:6-8: “y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y en medio de los ancianos estaba en pie un Cordero como inmolado... cuando hubo tomado el libro...se postraron delante del Cordero”. El libro que solo el Cordero inmolado era digno de recibir de la mano derecha del que estaba sentado en el Trono –el Padre- es el libro de la vida. Allí están anotados como justos todos los pecadores que accedimos por fe a ser lavados por Su sangre y ahora tenemos vida eterna. ¿Qué palabras pueden explicar tamaño amor? Lo único que resta es postrarnos, como hicieron los cuatro seres vivientes y los ancianos que estaban alrededor del trono del Padre, ante el Cordero victorioso.