"Cuando alzó Jesús los ojos y vio que había venido a él una gran multitud,
dijo a Felipe: --¿De dónde compraremos pan para que coman estos?
Pero esto decía para probarlo, porque él sabía lo que iba a hacer"
Juan 6:5-6
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Estaba cerca la Pascua y Jesús hizo una pregunta a sus discípulos. Pero el sabía lo que iba hacer. No solo allí, en aquel lugar desierto adonde habían llegado para descansar y recuperar fuerzas, sino un tiempo más tarde cuando enderezara su rostro hacia Jerusalem. Él iba a darse en sacrificio vicario como Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Él sabía lo que iba a hacer: iba a convertir su cuerpo en pan. Pan del cielo, nuevo maná para un nuevo éxodo. Hoy el ISRAEL DE DIOS -su pueblo santo- camina en el desierto como aquella gran multitud que fue a su encuentro porque habían oído lo que Él hacía. Y a pesar de las sombras crepusculares omnipresentes y de las contradicciones odiosas de este mundo, podemos confiar que Él sabe lo que va a hacer. Él está en el control. Él es vida después de la muerte y quien participa de su cuerpo -el pan que nos dejó para ser compartido y alimentar a todos hasta su prometido retorno- tiene vida eterna. Y emprenderá con Él el éxodo definitivo de este mundo. Amen y amen.