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EN LA PROMESA que le hiciera YaHVéH a Abraham, que es la piedra fundamental de la historia de las naciones, leemos:
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“Estableceré un pacto contigo+
y con tu descendencia después de ti,
de generación en generación:
un pacto perpetuo, para ser tu Dios
y el de tu descendencia después de ti.
“Te daré a ti y a tu descendencia...+
la tierra en que habitas,
toda la tierra de Canaán,
en heredad perpetua;
y seré el Dios de ellos”.
Génesis 17:7-8
Aquí se nos habla de dos cosas:
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1) de un Pacto de YaHVéH con la descendencia de Abraham que podría renovarse generación tras generación,+
2) quienes renovasen ese pacto recibirían como herencia perpetua “toda la tierra de Canaan” (que recibe después el nombre de Sión).
De modo que en algún lugar debe de haber hoy un pueblo que renueva generación tras generación el Pacto de Dios/Elohim –YaHVéH- con Abraham y ese pueblo debe de ser numerosísimo, tanto como su prometida descendencia (nota 1). Y este pueblo no puede ser solo el pueblo judío ya que este no es suficientemente numeroso como para contener toda la enorme descendencia de Abraham. Y además ese pueblo que buscamos debe de pertenecer a muchas naciones, porque la descendencia de Abraham, según vimos, formaría “naciones” y “reyes” –en plural-.
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