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Dice Zacarías 8:8 refiriéndose al ISRAEL disperso y desterrado entre las naciones:
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“y los traeré,
y habitarán en medio de Jerusalén;
y me serán por pueblo,
y yo seré a ellos por Dios ...”
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se está refiriendo al remanente –los redimidos, el ISRAEL DE DIOS, el futuro JEZREEL- que será congregado a la Sión en Gloria del mundo venidero/atid lavo. Ellos son en su enorme mayoría descendencia de Israel(Efraín) a quienes también les pertenece la Promesa perpetua a Abraham y su descendencia. Y este remanente es tomado de las naciones adonde "Efraín" fue desterrado, y, aunque son descendencia de Abraham lo distintivo es que son renacidos de simiente incorruptible: "la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Pedro 1:23). Y si Dios/Elohim ha de morar literalmente en medio de Su pueblo es preciso que este sea incorrupto, santo y sin macula. De ahí que es necesario que “esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Corintios 15:53) antes de entrar en el Reino de Dios y morar en Su presencia. Por eso los redimidos -el remanente- somos nacidos de lo alto, a semejanza del Señor que es el “segundo” Adán:
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“El primer hombre es de la tierra,
terrenal (hecho del polvo);
el segundo hombre es del cielo.
... y como es el celestial,
así son también los que son celestiales.”
1 Corintios 15:47
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De este modo, con cuerpo celestial e incorrupto acudiremos primero a las bodas del Cordero en el cielo –un evento extraordinario que no podemos discernir completamente mientras estemos en nuestro cuerpo carnal- y luego nos trasladaremos a la Sión en Gloria venidera -un hogar apropiado para nuestro nuevo matrimonio- detrás de nuestro Esposo recobrado, el Jinete de caballo blanco y ropa manchada de sangre. Nuestro nuevo matrimonio con YaHVéH en lo alto (de donde ya renacimos) sustituirá al primero, el que hicimos con Él -YaHVéH- en las faldas del monte Sinaí, que fue invalidado (Jeremías 31:32).
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