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En Jeremías 33:24 se nos dice que la nación de YaHVéH –ISRAEL– tiene “dos familias”, que sabemos que son la “casa de Israel(Efraín)” y la “casa de Judá”. Y en Oseas 1:6-7 vemos que YaHVéH tuvo un trato diferente con cada una de ellas. Leamos:
“no me compadeceré más de la casa de Israel,
ni los perdonaré. Pero de la casa de Judá
tendré misericordia…”
Esto es, de una familia/casa de ISRAEL “no se compadecerá” y de la otra “tendrá misericordia”. Y aquella de la cual YaHVéH “no se compadecerá” -la “casa de Israel(Efraín)”- es la que fue llevada a un destierro sin memoria entre las naciones, mientras que Jerusalem -la “casa de Judá- fue liberada milagrosamente del asedio de Senequerib.
Y en 2 Reyes 17: 18-23 se dice:
“Ninguno quedo sino solo la Tribu de Judá…
fue entonces Israel tomada lejos de su propia tierra
hasta Asiria…”.
Es decir, se nos habla de un día en que las “dos familias” de la misma nación de YaHVéH -ISRAEL- se separaron: una fue al destierro entre las naciones (que todavía dura), y otra -la “casa de Judá”- permaneció en su tierra y aunque mas tarde fue llevada cautiva a Babilonia -porque también fue rebelde a YaHVéH-, sabemos que 70 años después volvió a su heredad.
Y así hoy –a la vista de las naciones- el pueblo judío parece ser la única descendencia de Abraham, Isaac y Jacob, ya que habita la tierra de sus antepasados en tanto que la “casa de Israel(Efraín)” permanece en misterio entre las naciones, ignorada, aun para muchos que tienen intimidad con la Palabra. Sin embargo el sistema profético no cierra si no reconocemos su existencia y la necesidad de su retorno a Sión.
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