martes, 9 de abril de 2013
LA RUTA DE ESCAPE PRODIGIOSA
"YaHVéH peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos"
Éxodo 14:14
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Una vez el pueblo de ISRAEL estaba encerrado entre los rugientes ejércitos del Faraón y el mar. No había ninguna salida, la muerte era segura. Y entonces YaHVéH le ordena a Moisés que levante su vara y apareció delante de ellos un camino prodigioso por donde los atrapados pasaron a la otra orilla. Y lo demás lo conocemos. Es que YaHVéH quería vindicar su poder ante al Faraón –figura del enemigo de nuestras almas- al que Él mismo acicateó para que persiguiera al pueblo fugitivo. Pues bien, hoy muchos cristianos se ven de pronto atrapados en una encerrona sin salida ¿y donde está el camino de escape? ¿Dónde está Dios? ¿Cómo saldremos de esto?, murmuran como antaño. Pues no es mirando el mar y escuchando el rugido del enemigo que saldremos. Juan dice: “... y vi que había una puerta abierta en el cielo (Ap 4:1)”. De hecho el éxodo en el que todos los lavados por la sangre del Cordero participaremos no será por una ruta que se extienda delante nuestro, sino hacia arriba. Y hacia allí debemos mirar aun hoy. Cuando Jesús resucitó y anduvo un tiempo en cuerpo glorioso entre nosotros los discípulos le preguntaron: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Pensaban a partir de sus circunstancias. Sin embargo poco después: “viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”. La ruta de escape del ISRAEL DE DIOS será hacia arriba. Jesús/Yeshua, que es el Nuevo Moisés/Mesías anunciado librará con poder a sus escogidos - el ISRAEL DE DIOS- y lo salvará del colapso de esta tierra de la cual se dice: “se agravará sobre ella su pecado, y caerá” (Isaías 24;20). Ese será el día de la Ira. Y la ruta de escape prodigiosa será hacia arriba. Pero en Hebreos 10:19-22 se nos invita a percibir aun hoy, antes de ese éxodo final, con los ojos de la fe, ese nuevo camino hacia arriba que mas tarde o mas temprano recorreremos: ”Así que... teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió... y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios... acerquémonos con corazón sincero”. La ruta nueva de escape está libre ahora y del otro lado está el Gran Sacerdote que intercede por nosotros día y noche. ¡Que privilegio! Para recorrerla debemos estar lavados por Su Palabra y por Su sangre, sin murmuraciones, en sinceridad espíritu y en oración constante. Y entonces Él vindicará Su poder a favor nuestro, peleará por nosotros. Y nuestras cadenas –como las de Pedro y las de Pablo- caerán ante el asombro de todos.
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